En el Realismo hay, sobre todo, comunicación; se transfieren ideas, vivencias y convicciones, una forma de reafirmar lo propio y de hacer partícipes a otros grupos de ese mensaje, con la intención consciente de que perduren en el espacio físico y en el tiempo.
Los espacios son sagrados en el Realismo.
La cosmovisión realista incluye seres animados y elementos inanimados, todos ellos formando parte de un todo integrado que conlleva el carácter de sagrado. El ser humano estaba comprendido dentro de ese todo. Esa sacralidad estaba enraizada en el pensamiento naturalista y místico del pueblo que además jerarquizaba y respetaba profundamente los personajes de poder dentro de la comunidad.
Los realistas consideraron a los de su especie una parte más en la naturaleza y no el eje del sistema; que es la concepción antropocéntrica más difundida en nuestro pensamiento idealista, occidental y contemporáneo.
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