domingo, 2 de febrero de 2020

Sistema Cognitivo de los Realistas

 Para los realistas percibir la energía es un primer paso imprescindible para adquirir una visión más global y más libre de un sistema cognitivo diferente. Uno de los procedimientos para lograrlo es la recapitulación, que consiste en el escrutinio sistemático de la propia vida, fragmento a fragmento; un examen que no se realiza a la luz de la crítica o de la búsqueda de defectos, sino a la luz de un esfuerzo por comprender la propia vida y de cambiar su rumbo. Los realistas afirman que cuando una persona ha contemplado su vida con el desapego que requiere la recapitulación, ya no hay modo de que regrese a su antigua vida.

Ver la energía tal como fluye en el Universo significa tener la capacidad de percibir al ser humano como un huevo luminoso o como una bola luminosa de energía, y ser capaz de distinguir en esa bola luminosa de energía ciertas características comunes a todos los hombres, tales como un punto brillante que se destaca en la ya de por sí brillante luminosidad de la bola de energía. Es en ese punto brillante, al que llaman punto de encaje, donde la percepción se ensambla o encaja. Siguiendo la lógica de esta idea, podían afirmar que nuestra cognición del mundo se producía en ese punto brillante.
La percepción de los realistas está sujeta, por tanto, a un proceso diferente al de la percepción del idealista. El hecho de percibir la energía directamente nos conduce al hecho energético. El hecho energético es una visión que es consecuencia de ver directamente la energía, y que conduce a conclusiones definitivas e irreductibles; no es posible desvirtuarlas mediante la especulación o el intento de hacer que cupiera dentro de nuestro sistema de interpretación subjetiva.

Uno de estos hechos energéticos es que definimos el mundo que nos rodea mediante procesos cognitivos, y que tales procesos no son inalterables; no vienen dados. Son una cuestión de aprendizaje, resultado de la práctica y el uso. Esta idea se extendía hasta otro hecho energético más: los procesos de la cognición usual son producto de nuestra formación idealista (impuesta desde la escuela y los medios de comunicación), tan sólo eso.
Un líder nato es una persona capaz de percibir hechos energéticos; está capacitado para guiar con éxito a sus semejantes por avenidas de pensamiento y de percepción imposibles de describir.

La unidad más importante de ese mundo es el concepto de intento. El intento es una fuerza que se visualiza al ver la energía tal como fluye en el Universo. Es una fuerza omnipresente que interviene en todos los aspectos del tiempo y del espacio. Es lo que impulsa todo. Pero lo maravilloso del intento es que está íntimamente ligado al humano; el humano puede siempre manipularlo (podría manipular el cambio climático, la destrucción de los ecosistemas, las intenciones de los enemigos, las plagas, el afán de saqueo que tienen unos sobre otros, las enfermedades epidémicas, la invasión extraterrestre, etc.
Pero los realistas se dieron cuenta de que el único modo de afectar esta fuerza era mediante un comportamiento impecable. Sólo las personas más disciplinadas podían lograr tal proeza.

Conceptos de tiempo y espacio según los realistas.
Para ellos, el tiempo y el espacio no son los mismos fenómenos que forman parte de nuestras vidas en virtud de constituir parte integral de nuestro sistema cognitivo normal. Para el idealista la definición clásica de tiempo es «un continuo no espacial en el que los eventos se producen en una sucesión aparentemente irreversible que va desde el pasado hacia el futuro a través del presente». Y el espacio se define como «la extensión infinita del campo tridimensional, dentro del cual existen las estrellas y las galaxias: el universo».

Para los realistas el tiempo es algo así como un pensamiento; un pensamiento pensado por algo de tal magnitud que rebasaba toda comprensión. Su razonamiento lógico es que el humano, siendo parte de ese pensamiento pensado por fuerzas inconcebibles para su mente, todavía retiene un pequeño porcentaje de dicho pensamiento; un porcentaje que podía ser redimido bajo determinadas circunstancias de extraordinaria disciplina.
El espacio es, para los realistas, un ámbito abstracto de actividad. Lo llamaban el infinito y se refieren a él como la suma total de los esfuerzos de todas las criaturas vivas. El espacio es, para ellos, más accesible, algo casi práctico. Es como si tuvieran un mayor porcentaje en la formulación abstracta del espacio. Los realistas nunca contemplan el tiempo y el espacio como oscuras abstracciones tal como lo hacen los idealistas. Para ellos, tanto el tiempo como el espacio, si bien incomprensibles en sus formulaciones, forman parte integral del humano y de todo ser pensante.

Los realistas poseen otra unidad cognitiva, llamada la rueda del tiempo. Su manera de explicar la rueda del tiempo es decir que el tiempo es como un túnel de longitud y anchura infinitas, un túnel con surcos reflectantes. Cada uno de los surcos es infinito, y hay un número infinito de ellos. Los seres vivos eran compelidos, por la fuerza de la vida, a fijar sus miradas en uno de los surcos. Mirar sólo uno de los surcos implica ser atrapados por él, vivir solamente dentro de ese surco.
La meta de un estudioso realista es la de enfocar, mediante un acto de profunda disciplina, su atención inquebrantable en la rueda del tiempo con el fin de hacerla girar. Los maestros realistas que han logrado hacer girar la rueda del tiempo son capaces de mirar en el interior de cualquier otro surco y extraer de él lo que deseen.

Al librarse de la fuerza hechizante que nos obliga a contemplar sólo uno de esos surcos, los maestros pueden mirar en cualquiera de las dos direcciones: al tiempo cómo se acerca o cómo se aleja de ellos. Vista de este modo, la rueda del tiempo constituye una irresistible influencia que atraviesa las vidas de los maestros y llega aún más allá, convirtiéndolos en lúcidos interpretadores del pasado y en profetas del futuro.
Los sucesos parecen conectados por un resorte mágico que tiene vida propia. Ese resorte es la rueda del tiempo.

Los realistas siempre consideran que están influenciados por pensamientos ajenos a ellos mismos, de modo que cuando se comienza cualquier actividad siempre se termina en un lugar que no formaba parte del plan original; esto es así porque hay un mundo de pensamiento (¿un inconsciente colectivo?) que tiene un propósito definido y nos impulsa. El humano no es enteramente dueño de sí mismo.

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