Lo que es bueno es bueno y lo que es
malo es malo.
La moral se aplica a la
legitimidad de las acciones interpersonales, de modo que lo que se hace no ha
de perjudicar a otro de manera directa, no ha de humillarlo, no ha de
reprimirlo, no ha de someterlo, ni engañarlo, ni dañarlo de ningún modo en su
integridad. Así de simple es la moral realista. Por el contrario, la moral
idealista defiende al sujeto, a sus derechos humanos, a su libertad de elegir,
aunque elija dañar a otro para beneficiarse a sí mismo. Pero, ¿quién es el
otro? Todos, animales, vegetales, bosques, ríos, montañas, aire, suelo, etc.
Los realistas han llegado al máximo ascetismo y frugalidad para ser fieles a
sus convicciones, y también se han sometido al máximo esfuerzo y sacrificio.
El Idealista vive para
complacerse a sí mismo.
El Realista vive para
cumplir con su parte de la responsabilidad colectiva.
Por supuesto que el Realismo
es más dogmático que el Idealismo y parece dejar pocas opciones al sujeto
humano para prosperar de acuerdo a la actual definición idealista de
“progreso”.
No poder mentir les prohíbe incluso fabular.
No hay comentarios:
Publicar un comentario